¿La energía renovable puede mover el mundo?

Según la Agencia Internacional de Energía, “la cuota actual de los combustibles fósiles en el mix global, del 82%, es la misma desde hace 25 años; el fuerte crecimiento de las energías renovables deberá reducir ese porcentaje hasta cerca de un 75% en 2035”.

Según la agencia, “el uso más eficiente de la energía en los sectores de vivienda y transporte y el distanciamiento en relación a los combustibles que usan más intensivamente el carbono, como el carbón, para la generación de electricidad, contribuyen a la estabilización de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) derivados de la producción de energía”.

Pero las proyecciones de la agencia para la generación de electricidad por medio de combustible para 2040 aún muestran el predominio aplastante del gas natural, la energía nuclear y el carbón. Los bajos precios del petróleo actualmente son otro desafío para el aumento de las energías renovables.

 

Lo que es teóricamente posible

El Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC) señaló en un informe: “La emisión continua de gases de efecto invernadero producirá un calentamiento aún mayor y cambios que perdurarán por mucho tiempo en todos los componentes del sistema climático aumentando la posibilidad de impactos severos, generalizados e irreversibles”. Debido a un aumento del 40% en la demanda de energía hasta 2035, señala el informe, “estamos en una trayectoria de emisiones de dióxido de carbono (CO2) consistente con aumentos de la temperatura global de dos a 4,5º C, lo que hace del cambio climático una realidad irreversible”.

“Está surgiendo una nueva economía de la energía”, dijo Lester Brown, presidente del Instituto de Políticas de la Tierra. “Nuestra civilización necesita abrazar la energía renovable a una escala y a un ritmo al que jamás hemos asistido”.

Mark Jacobson, profesor de Ingeniería civil y Ambiental de Stanford, y Mark Delucchi, científico investigador del Instituto Davis de Estudios sobre Transporte de la Universidad de California, imaginaron un escenario ambicioso para la toma del control de la situación por parte de la energía renovable. “Nuestro plan requiere la utilización de miles de turbinas de viento, máquinas de agua e instalación de paneles solares”, dijeron ambos. “Las cifras son muy altas, pero la escala no es un obstáculo intrascendente. La sociedad ya pasó por transformaciones de forma masiva anteriormente”.

 

Dejar el carbón atrás

Los especialistas creen que para impedir que las temperaturas globales suban más de dos grados centígrados en relación a los niveles preindustriales, que es uno de los objetivos del Acuerdo de Copenhague, las emisiones de todo el mundo tendrían que llegar a su nivel máximo en 2020 y después entrar rápidamente en declive hasta aproximadamente erradicarlo en 2050.

Uno de los obstáculos más citados para la consecución de ese objetivo es la dependencia mundial del carbón para la producción de la energía y la generación de empleo. Según Charles Mann, el carbón es responsable de un 25% más de emisiones que el petróleo en todo el mundo, sin embargo la limpieza del sector puede no ser tan difícil como parece. Del total mundial de emisiones, un 40% tiene origen en sólo 7.000 fábricas de carbón.

 

Persisten los problemas regulatorios y tecnológicos

La intermitencia de la energía eólica y solar continúa siendo un obstáculo significativo. Para lidiar con la intermitencia en los recursos energéticos renovables, Jacobson propone que se interconecten los recursos geográficamente dispersos de viento, sol y agua (a través de una red inteligente) y, donde sea posible, que se recurra a la energía hidroeléctrica para suplir las lagunas en el abastecimiento.

Según Arthur van Benthem, profesor asistente de Economía empresarial y de Políticas públicas de Wharton, en la Universidad de Pensilvania, la política regulatoria actual presenta otro obstáculo crítico para el futuro con mucho menos carbón. “Los incentivos para responder a la demanda, tales como precios en tiempo real para usuarios finales, son a menudo insuficientes, sin embargo serían instrumentales para cambiar el consumo de la hora punta a horarios de menor demanda”.

 

El desafío de llegar allí

El transporte es realmente la fuente de CO2 que más crece en todo el mundo y, como tal, puede neutralizar las ganancias de la energía renovable instalada. La transición hacia el coche eléctrico podría reducir el consumo de petróleo y el impacto climático de los coches en todo el mundo, pero aún falta mucho para llegar ahí.

Carl Pope, ex director ejecutivo de Sierra Club, señala que si las inversiones en energía limpia tienen como resultado una reducción del 5% de la demanda global de combustible fósil, la ley de la oferta y de la demanda provocará una caída acentuada del 25% al 30% de los precios de ese tipo de combustible, aumentando el atractivo de los combustibles renovables para el consumidor.

Eric Orts, director de la Iniciativa de Liderazgo Ambiental Global (IGER) de Wharton y profesor de derecho de la Universidad de Pensilvania, también prevé un recorrido accidentado por delante. “No creo que sea de ninguna manera una transición fácil”, dijo. “Pero creo que es factible y tenemos definitivamente que seguir en esa dirección”.

Orts añade: “Incluso con energía eólica y solar, no será simplemente emisión cero, hay costes de fabricación y cuestiones relativas al mantenimiento. Es preciso decir que el movimiento hacia los combustibles renovables necesita estar asociado a esfuerzos de ahorro de energía. La manera más fácil de reducir nuestra huella de carbono a amplia escala consiste en que nos volvamos más eficientes, y todavía hay muchas oportunidades disponibles que las empresas ya comienzan a identificar”.

 

Wharton University of Pennsylvania